Posts tagged ‘La camisa del hombre feliz’

octubre 5, 2011

Quiero seguir soñando…

Nota del autor. ¿Con los neutrinos tendremos la posibilidad de viajar en el tiempo?__Me lo cuestiono muchas veces…__¿Que no ha buscado el hombre, que no haya tenido la posibilidad de encontrar?__¿La Fuente de la Eterna Juventud, la Piedra Filosofal, el Arca de  de la Alianza, el eslabón perdido?__ Todo esto y mucho mas ha sido la eterna inquietud del hombre buscándose así mismo.__ Solo aquel que buscando la felicidad, le seria entregada, si en su caminar encontrase la camisa del hombre feliz,  la cual le daría la dicha eterna, pero he aquí que encontróse con el y era tan feliz que ni camisa necesitaba, solo en su desnudez, nada poseía.

Los tesoros, las propiedades, solo son vanaglorias de los hombres, demasiado tarde para volver atrás y a pesar de todo quiero ser feliz, ya no quiero la camisa de nadie, pero tengo miedo, miedo de perder la sonrisa, miedo mirando en el rostro de mis hijos y hay quien se ríe y suspira.__¡Pobre idiota!__Si lo soy y a pesar de todo seguiré soñando y escribiendo.

Había una vez un zar que estaba muy enfermo. Un día hizo saber a sus súbditos:
– “¡Daré la mitad de mi reino a quien me cure!”.
Entonces todos los sabios se reunieron para tratar de curarlo, pero ninguno supo cómo hacerlo. Sólo uno de ellos, muy anciano, les comunicó:
– Haced saber al zar que únicamente existe una forma en la que podría recuperar la salud: “Si se encuentra un hombre feliz sobre la tierra y le ponen su camisa al zar, este se curará”.
El zar ordenó que buscaran a un hombre feliz por todo el mundo. Sus enviados recorrieron todos los países, pero no hallaron lo que buscaban. No había ni un solo hombre que estuviera contento con su vida. Uno era rico, pero enfermo; otro estaba sano, pero era pobre. Y el rico y sano, se quejaba de su mujer o de sus hijos. Todos deseaban algo más y no eran felices.
Un día, el hijo del zar pasó por delante de una pobre choza y oyó que en su interior alguien exclamaba:
– “Gracias a Dios he trabajado, he comido bien y ahora puedo acostarme a dormir. Soy feliz, ¿qué más puedo desear?”
El hijo del zar se llenó de alegría e inmediatamente ordenó que le trajeran la camisa de aquel hombre, para llevársela a su padre, y que le dieran a cambio de todo lo que quisiera.
Los soldados entraron a toda prisa en la choza del hombre feliz para quitarle la camisa, pero se sorprendieron al descubrir que aquel hombre era tan pobre, que ni siquiera una camisa tenía.

Leon Tolstoï

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